Phillips Petroleum Company no era un nombre más en la zona petrolera. Fue una fuerza que dio forma al panorama energético estadounidense antes de desaparecer con la fusión de 2002 con Conoco para formar ConocoPhillips. Si hoy ves una estación Phillips 66, estás viendo el fantasma de una empresa que comenzó con dos hermanos y mucho valor en Oklahoma.
La historia comienza en 1917. Frank y L.E. Phillips incorporó su empresa en Bartlesville, Oklahoma. Su movimiento inicial fue simple: comprar tierras ricas en petróleo en Oklahoma y Kansas. Fue una apuesta audaz en la frontera americana. Pero no se limitaron a la extracción. En 1927, la empresa compró una refinería. Ese único movimiento los transformó de productores a actores integrados. Ellos controlaron el flujo.
Luego vino el combustible. El mismo año que abrieron su primera gasolinera, lanzaron la marca Phillips 66. El nombre no fue elegido por una empresa de marketing con un grupo focal. Proviene de una prueba en carretera. Un auto de prueba alcanzó 66 millas por hora en la autopista 66. El número se mantuvo. Se volvió icónico.
El crecimiento no se detuvo en el surtidor. La empresa se expandió al sector químico y fundó Phillips Chemical Company en 1948. Esta medida les permitió capturar valor más adelante en la cadena de suministro. A mediados de la década de 1980, Phillips era tan fuerte que repelió con éxito dos adquisiciones hostiles. Ese nivel de defensa indica una empresa que conocía su valor y tenía las habilidades directivas para conservarlo.
La última adquisición importante antes de la fusión se produjo en 2001. Phillips compró Tosco Corporation. No se trataba sólo de reservas de petróleo. Tosco trajo la marca 76 y una red masiva de tiendas de conveniencia Circle K. Fue una jugada estratégica para el dominio minorista.
Alcance global y operaciones complejas
Phillips participó en todas las fases de la industria petrolera. No se limitaron a perforar. Exploraron, desarrollaron, transportaron, refinaron, procesaron, comercializaron y distribuyeron. Fue una operación de ciclo completo.
Geográficamente, su huella fue enorme. Poseían importantes activos de petróleo y gas en el Mar del Norte, Venezuela, Alaska y la costa de China. Su infraestructura incluía refinerías, oleoductos y camiones cisterna. Transportaron crudo del pozo al mundo.
Del lado del consumidor, comercializaban gasolina para automóviles y aviones. Vendían aceites, grasas, queroseno y gas licuado. Sus subsidiarias abarcaban América del Norte y del Sur, Europa, África, Australia y Asia Oriental. Este no era un jugador local. Era una entidad global.
El legado en ConocoPhillips
Cuando Phillips se fusionó con Conoco en agosto de 2002, la entidad resultante, ConocoPhillips, heredó una compleja cartera de marcas. En Estados Unidos, el nuevo gigante vendió gasolina bajo las marcas Phillips 66, Conoco y 76. En Europa y Asia, la atención se centró en las marcas Jet y SECA.
La fusión consolidó el poder de mercado. Creó una de las empresas independientes de exploración y producción más grandes del mundo. Para el consumidor, sin embargo, el cambio fue sutil. Las estaciones quedaron. Las marcas perduraron.
Phillips Petroleum Company dejó de existir como entidad independiente. Pero es


























