El Reino Unido está haciendo una gran apuesta por el futuro de la neurociencia. A través de su recién creada Agencia de Innovación e Investigación Avanzada (ARIA), el gobierno del Reino Unido se está alejando de la ciencia incremental y avanzando hacia proyectos “progresistas”: investigación de alto riesgo y alta recompensa diseñada para resolver algunos de los problemas más difíciles de la humanidad.
Uno de los pilares más ambiciosos de esta estrategia es una iniciativa de £69 millones dedicada a modular el cerebro humano al nivel de sus circuitos internos.
El problema: la falta de precisión
Las intervenciones médicas actuales para los trastornos neurológicos a menudo actúan como un “cepillo amplio”, afectando grandes áreas del cerebro sin apuntar a la fuente específica del problema. Esta falta de precisión es un obstáculo importante en el tratamiento de afecciones como epilepsia, Alzheimer, depresión y adicción.
Según el director del programa ARIA, Jacques Carolan, estas diversas afecciones comparten un hilo común: todas ellas son trastornos de los circuitos cerebrales.
– Algunos circuitos están demasiado conectados.
– Algunos están poco conectados.
– Ciertas regiones del cerebro o tipos de células pueden estar funcionando mal.
El objetivo del programa ARIA es ir más allá de los tratamientos generales y desarrollar neurotecnologías que interactúen a nivel de circuito, permitiendo a los médicos interactuar con el cerebro con precisión quirúrgica.
La innovación: del ultrasonido a la terapia génica
Para afrontar este desafío, ARIA ya ha financiado 19 equipos de investigación diferentes que exploran diversas fronteras tecnológicas. Las áreas clave de enfoque incluyen:
- Ultrasonido avanzado: Los investigadores están considerando el ultrasonido no solo como una forma de modular la actividad cerebral, sino como una herramienta para “biotipar” el cerebro de un paciente, proporcionando un mapa único de sus conexiones neuronales específicas.
- Imágenes en tiempo real: Un equipo del Imperial College de Londres está combinando ultrasonido con terapia génica para visualizar la expresión genética dentro de las neuronas en tiempo real. Esto podría permitir a los científicos ver exactamente por qué fallan determinadas redes.
- Estimulación de próxima generación: Aprovechando el éxito de la estimulación cerebral profunda utilizada para la enfermedad de Parkinson, los investigadores pretenden crear “tecnologías de plataforma”. La esperanza es desarrollar métodos que puedan tratar diversas afecciones, incluidas la adicción y la depresión, sin requerir necesariamente una cirugía invasiva.
El “efecto moderno”: por qué es importante la financiación de alto riesgo
Invertir mucho en tecnología no probada es inherentemente riesgoso. Sin embargo, el liderazgo de ARIA sostiene que estos “tiros a la luna” son esenciales para avances sociales a largo plazo.
La directora ejecutiva de ARIA, Kathleen Fisher, exfuncionaria de la agencia estadounidense DARPA (el modelo de ARIA), señaló un precedente histórico para justificar este enfoque. En 2013, DARPA financió la investigación sobre plataformas de vacunas rápidas. Esa inversión ayudó al nacimiento de Moderna, una empresa cuya tecnología de ARNm se convirtió en la piedra angular de la respuesta global a la pandemia de COVID-19.
Si bien es posible que el impacto total de la investigación del cerebro de ARIA no se materialice de inmediato, la agencia está buscando “plántulas de impacto” para principios de la década de 2030. Incluso si la investigación no produce una cura completa en siete años, el objetivo es proporcionar suficiente evidencia clínica para demostrar que es posible una intervención cerebral no quirúrgica a nivel de circuito.
“Es posible que estemos empezando a ver ensayos que demuestren que podemos realizar intervenciones a nivel de circuito de una manera que no requiera cirugía”, dice Fisher.
Conclusión
Al centrarse en los circuitos fundamentales del cerebro, el Reino Unido pretende transformar la atención neurológica desde el control de los síntomas hasta el ajuste preciso de la mente. Ya sea a través de ultrasonido o imágenes integradas de genes, el éxito de este programa podría redefinir la forma en que tratamos los trastornos más complejos de la experiencia humana.
